Hablemos de arte | Notas Acusmáticas
Notas Acusmáticas
Hoy desperté con ganas de leer sobre música, arte y cultura. Llevaba ya varios días reflexionando acerca de la situación actual de la industria musical y por qué no se le considera plenamente como un arte, por lo que busqué sobre el tema en las noticias diarias, esperando encontrar por lo menos una columna o alguna notita perdida, como las hay a montones sobre el narco, crimen organizado, muertes, corrupción, impunidad o la más reciente pillería de algún político o gobernante. Sin embargo, me llevé una gran sorpresa al darme cuenta de que son pocos, si no es que nulos, los espacios que se dedican al arte en la mayoría de los medios críticos que suelo consultar. De pronto me dieron muchas ganas de escribir…
Creo que cualquier persona medianamente estudiada puede pretender explicar qué es el arte. No obstante, su significado ha variado considerablemente durante distintas épocas. La razón es muy sencilla: la complejidad que envuelve.
Se ha dicho que el arte es la experiencia estética o que su único propósito es el de provocar placer, tanto del emisor al crearla como del receptor al apreciarla. Pero las definiciones sobre la belleza y el placer también son muy ambiguas y encierran significados muy distintos unos de otros. ¿Qué podríamos decir del barroco o del gótico?, ¿son bellos también?, porque seguro hay muchos a quienes no les gusta. ¿O qué decir de las pinturas más crudas de Goya?, ¿no es arte porque no es bello o porque no causa placer al verle, sino temor y desprecio? En gustos se rompen géneros, dicen por ahí… De igual forma se ha dicho que el arte es la reproducción de la realidad, sin embargo, no se trata únicamente de imitarla, sino de representar la perspectiva única del autor, de acuerdo con su contexto sociocultural único.
No me considero ninguna experta en la materia, pero lo que sí puedo asegurar es que el arte es la manera más pura y sincera de expresar ideas, temores, deseos y críticas, pero también para conectarse con aquello que nos hace humanos: nuestra sensibilidad; sin dudarlo, el punto más destacable del arte. Su complejidad radica en que se trata de una comunicación en ambas direcciones, sin importar el género artístico del que se trate, la época o la categoría, siempre es una manifestación completamente honesta del autor que provoca irremediablemente algún sentimiento en el público. ¡Es simplemente extraordinario!
¿Quién no ha llorado con una canción, una obra o una película? ¿Quién no ha sentido de pronto una emoción inexplicable al apreciar aquello que nos fue concedido por algún genio que quizá ya está muerto? ¿Quién no se ha identificado con alguna situación narrada por el artista a través de sus manos, sus ojos o su imaginación?, ¿a través de sus composiciones, sus imágenes, sus esculturas, sus letras o su voz? Tantas formas de manifestar el arte y tan pocas referencias para esta característica única del ser humano.
¿Qué pasa? ¿Por qué no se habla más sobre el arte en los medios de comunicación? ¿Acaso no vende como las notas amarillistas? ¿Es más fuerte el morbo que la sensibilidad? Quizá la respuesta sea afirmativa en todos los casos, lo cual me hace preocuparme todavía más, pero no quiero solamente despotricar y lamentarme, sino proponer un espacio de reflexión y por ende, una solución.
Hablar de arte, apreciar el arte y expresarse artísticamente es sumamente necesario para el ser humano, sobre todo en tiempos tan difíciles como los que se viven en nuestro querido país. Soy una romántica que firmemente cree que si existiera mayor apertura al arte, nuestro mundo sería un mejor lugar.
Pero no solamente se queda en el aspecto emocional. Estoy convencida de que los artistas y, en general, todo aquél que tiene la posibilidad de que su voz sea escuchada, tiene una obligación moral y ética de evidenciar, debatir y refutar. Bien decía Adorno que el arte es un fenómeno social, cuyo aspecto fundamental es su carácter de denuncia, siendo así el arte una resistencia contra el orden establecido.
Cuando pienso en arte no puedo dejar de mencionar a mi grupo de rock. Uno podrá pensar qué demonios tiene que ver el arte con el rock, y yo les diría que mucho y todo, puesto que el rock desde su génesis es el medio de denuncia por excelencia, una subcultura del pueblo y para el pueblo, revolucionaria y creativa. Su enfoque en esos orígenes, tomando influencias directas del blues, siempre giró en torno a lo político y lo social. La música rock se distingue por su autenticidad, su inspiración, su extroversión, su anticonformismo y su energía en el escenario; y su motivación, festividad y meditación en el hogar, o donde quiera que se le escuche.
En L.E.D.S. (Light Experience & Dynamic Sound) pretendemos brindar una experiencia al espectador, una conexión multisensorial con nuestro entorno y sembrar una semilla de luz, de conciencia, en cada una de las personas que logran establecer ese vínculo pues, hay que decirlo, no todos gozan de una sensibilidad desarrollada, ya que el mundo, o mejor dicho, los que controlan el mundo han destruido ese sentimiento de compasión, de calidez que nos hace seres tan únicos. Como dice Uzz, mi compañero de música y de vida, esa característica nos hace tan especiales que quizá somos los únicos capaces de crear obras de arte en todo el universo.
Por todo ello, pienso que la música es el arte más perfecto, más fantástico y más sincero. Claro, estas líneas nacen de un músico, pero francamente considero que todos los seres humanos deberíamos tener una formación musical que nos permita reconectar nuestro espíritu con cada una de las fibras de nuestro cuerpo, para tomar parte en el papel que nos tocó vivir, con entrega, honestidad, pasión y humildad, como lo es el arte en general. Así que invito al querido lector a que cada uno de nosotros, desde nuestra trinchera, promovamos la cultura artística en nosotros mismos y en los que nos rodean. Créanme, no hay nada más satisfactorio que tomar nuestro instrumento, sea musical o de otro tipo, y crear algo nuevo con él. ¡Seamos artistas!